Su padre es un superhéroe

Abrí este blog para hablar de mí como un parapeto del “nosotros”. Para contar nuestra experiencia, nuestras vivencias, nuestras preocupaciones… Para intentar que otras madres-de-los-vástagos lo hagan mejor que lo hace la que nos ha tocado a nosotros.

Sin embargo, no suelo hablar de mi pareja más que para decir que es un padre fantástico. Realmente, eso lo incluye todo. Mi pareja es una persona excepcional. Antes de empezar a salir, incluso antes de saber que estaba separado, ya me hablaba de su hija con absoluta devoción. Hablaba de lo que significaba ser padre, de ese sentimiento inigualable de llegar a casa y ver cómo tu hija sale corriendo a darte un abrazo; de la experiencia que implica la paternidad… Con el paso del tiempo, y teniendo en cuenta lo reservado que es, ya no me sorprende que me hablara con tanta franqueza y tanta emoción porque ahora sé lo que estaba viviendo.

Su derecho a ejercer la paternidad

Mi pareja es un hombre valiente. Lo suficientemente valiente como para luchar por lo que más quiere en esta vida, que es su hija (hay pocas cosas que puedan desgastar más que emprender la lucha por un hijo con la corriente en contra). Todavía recuerda con bastante nitidez el calorcito que su hija desprendía cuando, siendo todavía un bebé, la posaba sobre su pecho; todavía recuerda las vueltas que dio a la manzana con el carrito para que dejara de llorar; todos los biberones que hizo, levantándose cada noche las veces que fuera necesario, para prepararlos… y cómo se implicó en su crianza desde que supo que iba a nacer.

Por eso, no se resignó cuando, al comenzar el divorcio, intentaron privarle de su derecho de ejercer la paternidad y reducir su papel de padre al de un mero colaborador en la economía familiar. No se resignó porque quería criar a su hija, cuidar de su hija, hacerle las coletas, insistir para que se tomara el desayuno, leerle cuentos por la noche, reñirle cuando quisiera ir al cole con sandalias de verano en pleno mes de diciembre, limpiarle la caca, enseñarle a leer… Y esto quería hacerlo la mitad del tiempo, al menos, no tres horas los miércoles y un fin de semana de cada dos. No imaginaba que esa decisión (su derecho como padre) provocaría el inicio de un auténtico calvario.

Cuando se separaron, la niña tenía menos de tres años y le rugía al verle, le rugía como ruge un animalito. El acceso que había tenido a ella desde que se inició la separación, a pesar de vivir en la misma casa, había sido muy limitado. Hasta que no se formalizó la separación y se desplegaron las medias previas, no pudo prácticamente acercarse a su hija, su exmujer ni siquiera le dejaba hablar con ella en la cena. Más tarde, y gracias a diversos informes forenses expedidos por orden judicial, hemos sabido lo que la madre le decía a la niña sobre su padre. Absolutamente devastador y aterrador.

Mientras tanto, hubo, por supuesto, denuncias de todo tipo, tan veraces que terminaban en sobreseimiento y con ella imputada. Cochinadas y canalladas, absolutamente sórdidas y repugnantes, que no buscaban sino conseguir lo que ella pedía: una pensión de alimentos especialmente alta y un régimen de visitas especialmente restringido.

A pesar de todo esto (que no lo cuento porque me lo haya contado, sino porque, gran parte de ello lo he vivido y sufrido con él), durante los años que llevamos juntos jamás he oído decirle una mala palabra a su hija sobre su madre, ni siquiera cuando la niña le dice que no quiere estar con mamá, ni siquiera cuando le dice: “mamá dice que cuando era pequeñita me tiraste un plato a la cabeza”. El amor que siente por su hija y el respeto son tan infinitos que, a pesar de todo, hace de tripas corazón y sigue hablándole de su madre con respeto y con cariño fingido y resignado.

Un Súper Papá

Por este motivo, no puedo evitar emocionarme cuando dos años después hemos pasado de los rugidos a los besos, a los abrazos, a las caricias y a los “te quiero, papá” o “eres el mejor papá del mundo”. Se me saltan las lágrimas, como se me están saltando ahora, mientras escribo esto, cuando veo el cariño y el amor con el que trata a su padre; las risas que se echan los dos juntos (porque son igual de tontetes); lo bien que se lo pasan jugando al fútbol o cocinando; o cuando, como el otro día, se retira el cuello de la camiseta para lanzarse un beso al corazón (porque sabe que su papá siempre está ahí con ella). Siento todo esto porque sé que no ha sido fácil.

Como sabéis en este blog estoy contando mi experiencia, pero en mi experiencia también está la enseñanza que estoy recibiendo por parte de mi pareja. No sé si alguna vez tendré hijos propios, pero si lo hago, seguiré su ejemplo a la hora de cuidarlos, quererlos y, ante todo,  respetarlos.

Mi pareja (su padre) es un hombre valiente, admirable y un superhéroe. Es un gran padre (como tantos otros).

 

Nota. Siento haber repetido cosas de la Carta a la madre de mi hijastra que escribí hace unos días, pero es que nuestras vivencias son así.

Ilustraciones SOOSH

¿Te ha gustado la ilustración de este post? Forma parte de una serie preciosísima de la ilustradora Snezhana Soosh (@vskafandre en Instagram) sobre el vínculo entre los padres y las hijas. Puedes comprarlas a través de su página web.

 

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