Cuando seas madrastra te tragarás tus palabras

El instinto maternal no es algo que me haya perseguido por la vida, por lo que siempre he sido especialmente crítica con la maternidad y esas cosas que, no sabes muy bien por qué, comienzan a hacer tus amigas-las-madres. He sido crítica desde el humor, que conste. Vamos, que me he reído de mis amigas y de otras madres cuando he visto ciertos comportamientos (de estas últimas no tan abiertamente).

Por eso, cuando te conviertes en madrastra de una niña pequeña y te ves haciendo esas cosas que antes encontrabas tan incongruentes y ridículas, solo puedes hacer una cosa: tragarte tus palabras.

6 preguntas que me he tragado con patatas

  • ¿Por qué le das alternativas? Si hay pollo, es pollo. Ja. Si hay pollo y no quiere pollo, sacas tu gadgeto-lista y ofreces todo lo que tienes: ¿y una tortillita francesa? ¿Y lenguadito? ¿Y unas salchichitas con huevo, tan ricas….? ¡Un huevito! Un huevito frito y explotas la yema ¡así! (y acto seguido emites una onomatopeya similar a cómo se explota la yema de un huevo frito). En fin.

 

  • Pero, ¿por qué le compras de todo? Le vas a malcriar. Pues sí, pero no sé qué clase de espíritu te secuestra, que lo haces. Y ahí me veis, por ejemplo, buscando spinners de colores por medio Madrid que estuviesen homologados para que cuando acabe la tarde no vuelva a hacerle caso, pero así es.

 

  • ¿Por qué pones la mano para que te escupan? Eso es algo que no me he explicado nunca. El niño se emboba con el iPad y, 5 minutos después, empieza a emitir sonidos raros de “no puedo darle más vueltas a la bola,” y la madre le pone la mano. ¿Por qué no le pones la mano con una servilleta? Bueno, pues este finde me ha escupido dos chicles, un trozo de pescado al que llevaba dándole vueltas dos horas (y la salivilla de después) a mano descubierta. Y-no-ha-pasado-nada. Es más, después le he dado un besito en la frente.

 

  • ¿Por qué mueves la boca cuando ella está contando algo que ya sabes? Esto es quizás una de las cosas que siempre me han parecido más sorprendentes: ver a las madres mover la boca embobadas mientras los niños intentan decir algo. Es algo que también hizo Franco con su hija, la madre de Carmen Martínez-Bordiú, cuando esta lanzó un mensaje a los niños del mundo. Bueno, pues yo hago lo mismo. Es involuntario, lo juro, pero a veces me descubro haciéndolo. ¡Nooooo!

 

  • ¿Se puede saber por qué recoges sus cosas? Pues mira, por una mera cuestión de supervivencia. Yo recojo y ella vuelve a desordenar, y lo sé, pero no puedo evitarlo. Es cierto que todos los manuales (y la lógica) dicen que no lo hagas, pero una fuerza sobrehumana te lleva a ello. Realmente es contraproducente porque, cuanto más recoges, más desordena, por lo que entras en una dinámica de autoenfado y autodestrucción, pero bueno… Te relajas al pensar que, realmente, tienes una casa preciosa para fugarte en cuanto se despisten.

 

  • ¿Quitarle los mocos con la mano? ¡Puaj! Desde que soy madrastra, jamás faltan en mi bolso los kleenex y las toallitas, pero eso no significa que no tengas que sacar el kit de emergencia en algunos casos. Los mocos son un horror y cuando te toca una hijastra mocoseta, como a mí, no te queda más remedio que aceptar al enemigo. Todavía recuerdo un día que no quería tomarse el Apiretal (el Cillit Bang de la medicina, porque vale para todo), y lloró tan fuerte que se le salió un moco como pocas veces he visto. Verde, duro, lo más asqueroso que he visto en mi vida. Y ahí fui yo, en plan SuperStepMom a quitárselo con la mano rauda y veloz, pobrecita mía. Lo que no esperaba es que, hiciera gala de lo bruta que es y me contestara con un: “Quiero mi mocoooooo”. Al final se tomó el Apiretal a cambio de dejarle ver su moco y la textura tan odiosa que tenía.

 

Como veis, a efectos de día a día, ser madre, padre o madrastra no es tan diferente. La única diferencia es que, hay días en los que, aunque acabemos reventados y estemos en la cama a las 21.30 h., todavía encontramos tiempo para hacernos unos mimitos (y lo que surja). Esto último, por lo que dicen mis amigas-las-madres (y las malas madres), que me están enseñando un montón. ¡Muak!

PD. También me reía porque se iban de compras y terminaban comprado para el niño y no para ellas… y así es. En fin, vamos a correr un tupido velo.

 

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