Madrastra y responsable de unos cuernos

Hace unos días hacía una reflexión en mi página de Facebook sobre la necesidad de que las madres biológicas y las madrastras tengamos una relación cordial por el bien del niño. Recibí varios comentarios, todos bienvenidos y que agradezco profundamente, pero me gustaría hacer una reflexión.

Algunas chicas me comentaban que esto dependía de la situación en la que se hubiera desarrollado el divorcio y que si esa madrastra era el origen de una infidelidad, no le dejarían acercarse a su hijo. A priori, entiendo los sentimientos que pueda despertar algo así, pero tras leer todas las respuestas volví a pensar algo que siempre he pensado: una vez más la culpa recae sobre la mujer y lo tenemos tan interiorizado que, nosotras mismas, lo fomentamos y lo defendemos. Sin lugar a dudas, esta es una consecuencia más del asentado sistema heteropatriarcal que ha estado históricamente dirigido a responsabilizar a la mujer de variopintas cuestiones, entre ellas, las infidelidades.

 

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La mujer, culpable de la infidelidad

En este caso, las mujeres hemos sido tradicionalmente las responsables de las infidelidades y, por lo que veo, en muchas sociedades y para otras muchas mujeres, lo seguimos siendo, ya seamos sujetos u objetos de esa infidelidad. No voy a entrar en cómo se nos ha educado históricamente para mantener al hombre a nuestro lado (agasajándole, sirviéndole emocional y sexualmente…). Esta educación ha hecho que la infidelidad del hombre haya sido sinónimo de la “incapacidad de la mujer para mantenerle a su lado”. De hecho, creo que todos hemos escuchado en alguna ocasión esa frase tan horrible y subyugante que dice: “Ha tenido que buscar fuera lo que no le daban en casa”, en alusión normalmente a cuestiones sexuales, no tanto emocionales.

Este papel, el de la mujer mendigante, se ha alimentado a lo largo de todo este tiempo a través de la literatura, el cine y la televisión, tanto es así que estoy convencida que todos lo reconocemos. Como también reconocemos otro papel bajo el que se ha dibujado a la mujer en relación a la infidelidad: el de la “mujer lagarta” que utiliza sus malas artes para romper un matrimonio aparentemente feliz. Si os dais cuenta, tanto en un caso como en el otro, la mujer siempre es la responsable de la desgracia; en un caso por no satisfacer al hombre y ser una mala esposa; y en otro ser una fresca y darle la satisfacción que, parece ser, se le niega en casa.

Pero pongámonos en el caso opuesto: teniendo esto en cuenta, ¿quién sería el responsable en caso de que fuera la mujer la que cometiese la infidelidad y abandonase al marido? ¿Sería el hombre que se ha entrometido en la relación o sería, una vez más, la mujer? Efectivamente, sería la mujer, y ahí entraría en juego una serie de calificativos que, probablemente, a todos nos vengan a la cabeza.

Me apena enormemente que las mujeres, por hache o por be, siempre estemos criminalizadas ante este tipo de comportamientos, y me apena mucho más que seamos nosotras mismas las que lo fomentemos.

Pero, una vez más, los niños no son los responsables

Entiendo perfectamente que no sea plato de buen gusto tratar con la nueva pareja de tu marido y madrastra de tus hijos, máxime cuando la ruptura es consecuencia de una infidelidad, pero en mi opinión, los responsables de las infidelidades no son, en ningún caso, las nuevas parejas, sino quienes no respetan el compromiso que han adquirido con una persona.

Por otro lado, en lo que respecta a los niños, lo único que puedo decir es que, independientemente de la situación en la que se produzca la ruptura, es tremendamente importante que intentemos dejarles al margen de estas cuestiones que, por complicadas e hirientes, tienen que quedarse en el terreno de los adultos.

No tenía pensado publicar este tipo de post, pero me llamó mucho la atención que se hicieran esas reflexiones que, como digo, agradezco muchísimo porque generaron un debate que creo que es importante. Pero también creo que, ante estos temas, los sentimientos que suscitan y cómo afectan las perspectivas al comportamiento que tengamos con los hijos, es importante que todos demos nuestra opinión.

Desde la barrera y la generosidad

Es posible que muchas de vosotras ahora estéis pensando que hablo desde la barrera porque no soy madre y no sé lo que se siente (es lo que siempre me dicen para callarme la boca 🙂 ) y es cierto: no soy madre, no sé lo que se siente y hablo desde la barrera. Pero desde la barrera es desde donde estoy viendo el sufrimiento que supone para un niño estar sometido a esa presión de no poder expresar libremente el amor que, en este caso, siente por su padre. Y no creo que esa actitud de alienación sea compatible con el amor generoso y desinteresado que se supone debe tenerse por un hijo.

En mi opinión, y desde la barrera, tener un hijo es un acto de generosidad, pero la generosidad y el amor por un hijo no se demuestra en las situaciones fáciles; la generosidad y el amor por un hijo se pone a prueba cuando tienes que anteponer su bienestar, su equilibrio emocional y sus derechos (y eso pasa por una buena relación con el otro progenitor y su nueva familia si la hubiera) a tu rencor, tu despecho y tu ego. Ahí es, en mi opinión, donde se demuestra el verdadero amor por un hijo y desde ahí, desde la generosidad, es desde donde creo que debemos actuar tanto padres como madres (y madrastras).

Desde ahí es desde donde mi pareja está actuando con su hija a pesar de todo porque muchas veces es muy difícil. Y esa generosidad, esa integridad y ese amor por encima de todas las cosas y de sí mismo, es algo que valoro enormemente, admiro profundamente y me hace comprobar cada día que es un magnífico padre. Por eso intento imitarle y seguir su ejemplo con su hija.

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2 comentarios sobre “Madrastra y responsable de unos cuernos

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  1. Desde “la barrera” en la que estas te apoyo completamente, el papa de mi hija me fue infiel con una mujer con la que continuó su relación y viven juntos, al principio por su puesto que quise castigarlos a él y a ella por haber actuado de esa manera sobre todo que mi hija solo tenía 5 meses de nacida cuando me enteré de todo, mi dolor estaba muy reciente de todas maneras no se habían establecidos los permisos y visitas ya que estaba muy bebe pero luego de realizar el divorcio pensé que tanto él como yo éramos libres de llevar a nuestra donde queramos en nuestros espacios con ella correspondientes siemoreny cuando no vaya en contra del bienestar de mi hija, pero está otra mujer quiere mucho a mi hija, la trata bien y se nota cuando veo que mi hija se siente a gusto yendo a casa de su papa así que decidí respirar profundo canalizar cualquier tipo de dolor y evita que mi hija creciera con algún tipo de rencor u odio hacia alguna persona, al fin y al cabo eso lo que hace es envenenar corazones, Dios sabrá cuál sera la justicia para esa mujer y en qué momento.

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