¿Feliz? Día de la Madrastra

Sí, hoy se celebra internacionalmente el Día de la Madrastra. También tenemos un día, aunque yo no tenía ni idea hasta que abrí la cuenta @Mamadrastra en Instagram y empecé a leer sobre el tema. Aunque en España todavía no, ya hay algunos países en los que se celebra, como en USA, donde la figura de la madrastra está más asentada.

Tal y como hacen las madres blogueras, voy a compartir con vosotros mi día de la madrastra que, sinceramente, ha sido un despropósito, aunque eso sí, lo hemos celebrado comiendo langostinos.

Día de la madrastra

 

 

El despertar…

Todo comenzó sobre las 6 am cuando, después de estar toda la noche destapándose y destapándome, mi hijastrita bonita se cayó fulminantemente de la cama. Digo fulminantemente porque creo recordar que vi cómo salía despedida. El golpe que dio fue brutal, pero la volví a subir, le di un besito y nos volvimos a quedar dormidas. La paz, sin embargo, no duró demasiado y a las 7.30 h oigo en mi oído a un volumen descomunal:

-¡No puedo respirar! Otra vez! Jo…

-¿Tienes moquetes? Te limpio?

-¡¡¡¡¡¡No!!!!!!

-¿Te limpias? Ten un klee…

-¡¡¡Nooooooooo!!!

Fantástico. Eran las 7.30 h y ya habíamos llegado por primera vez en el día día a un punto muerto.

Su padre, que estaba en otra cama porque estaba desde el día anterior con fiebre, ha venido y ya más tranquila se ha puesto a darnos la brasa: ¿es de día? ¿es de día? ¿es de noche? pues me he caído de la cama… ¿pues sabes que mi mamá está coja? (qué pena que no esté en una nave rumbo a Júpiter, he pensado) ¡Pues mi mamá….! Pues..

-¿Sabéis que las madrastras de los cuentos son muy malas y feas? -ha dicho así a bocajarro.

¡WTF! Eso es manipulación materna porque en casa de su padre tengo prohibidas las pelis con madrastras malvadas. Solo buenrolleras cuando las haya (las pelis, digo).

-Ya, mi amor, pero eso es en los cuentos porque en… -intento decir.

-La de Blancanieves es mala y… le quiere poner un zapato pero no le deja…

-Eso es Cenicienta, pero en la vida…

-Y se lo quitan el zapato y su mamá la salva. Y el príncipe…

-No, es el príncipe, pero tampoco. En…

-Y tiene una naranja con ruedas.

-Eso es una calabaza -dice su padre.

-Claro, una calabaza, pero las madrastras de verdad no…

-¿Y qué es una calabaza?

-Una hortaliza

-¿Y una hortaliza?

Bien, había perdido mi oportunidad de explicarle que las madrastras no son malvadas. Así que, frustrada y siendo ya las 8, he optado por hacer el desayuno.

 

Nos vamos de paseo

Es domingo. ¿Nublado? Bah! ¡Vámonos de paseo pronto! Mientras su padre se duchaba, me he encargado de ducharla y vestirla (bueno, encargar es una palabra con demasiado empaque para lo que ha ocurrido). Lo he intentado. A pesar de que su padre la había advertido, ha decidido, como siempre, vacilarme. A duras penas la he duchado y, cuando he ido a ponerle la ropa, una vez más, se ha negado. Tras intentarlo varias veces, le he soltado un: “¡Pues nada, ahí te quedas y que te vista tu padre, que que a mí ya me tienes harta!”.

Un pulso de 15 minutos ha sido suficiente para que se haya presentado en el salón hecha un cromo diciéndome: “Mira, ya estoy”. A eso, una vez vestida por su padre, le ha seguido un: “Pues papá me ha dejado. Ja!”. Eso sí, antes de salir por la puerta me ha dicho un laxo: “Perdón”. En ese momento, me he puesto a llorar de frustración.

Su padre ha flipado más conmigo que con ella y yo, como una madrastra digna, he aceptado el perdón mientras me ponía mis Ray Ban para entrar en el ascensor y que no se me viera el rimel corrido. En ese momento he pensado que la regla siempre llega en los días más inoportunos.

Lo demás ha sido chachi: aperitivo, peloteo (me he peloteado hasta hacerme que me olvidara de nuestra crisis madrastra-filial), ha leído mi nombre, me ha hecho cucamonas mil, me ha dejado un momento de intimidad en el baño mientras miraba obedientemente a la pared (cualquier otro día habría estado ahí mirando insistentemente y tendría que haberlo dejado para otro momento, pero como estaba en plan pelota he tenido suerte) y, de paso, le he explicado qué es la intimidad.

Fin de tarde

Hemos comido langostinos y tras una breve conversación de adultos, hemos visto ¡Canta! porque, oye, ¿qué puede hacer una pareja de novios un mediodía de primavera si no es ver… ¡Canta! Pues eso. La niña ha pasado; nosotros, nos la hemos tragado y, después, hemos puesto La Bella y la Bestia, hemos bailado jotas tres segundos, dos canciones de Shakira, he hecho un intento de enseñarle a bailar sevillanas y, cuando ya estaba a punto de hacer pop, como una palomita, se ha puesto a jugar al fútbol con su padre en la terraza. Como es habitual en ella, en vez de mirar al balón, ha mirado a las musarañas y ha visto una mariquita. En ese momento, y ante el terror de que dejase de jugar y me diera la brasa, me he ido a recoger el salón con un nudo en el pecho propio de un día duro de trabajo.

 

Ahí os quedáis

A las 17.30h he recogido mis cosas, he dado por concluido el finde de “blended family” y me he venido a mi casa, donde he iniciado el cambio de armario, me he puesto una mascarilla facial y estoy comiendo de forma compulsiva mientras escribo esto.  Eso sí, cuando estaba entrando al garaje recibo un whatsapp: “Te has dejado olvidados los tampones”. He respirado hondo para no llorar.

 

 

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