Yo solo quería un gato y me encontré con una niña…

Que yo me haya visto envuelta en este embolado es culpa única y exclusivamente de su padre. Hasta que comenzó a tirarme chinitas, a mí solo me gustaba de lejos. Y cuando comenzó a tirármelas, y empezó a gustarme de cerca, lo negué tanto que estuve una temporada sin mirarle a los ojos (tampoco cuando le hablaba, no importaba que estuviese respondiendo a una pregunta suya porque mi mirada siempre se dirigía a otro interlocutor). Eso sí, a cambio, nos enviábamos doscientos correos al día y hablábamos de cosas que todavía hoy, dos años después, me resultan pudorosas.

Entre correo y correo, él, con sorna, me decía que tenía que echarme novio que me hiciera la cena. Así, descaradamente. Y yo replicaba que prefería comprarme un gato antes de darle una mínima oportunidad a un hombre más (más otras cosas que no puedo decir por estar en horario infantil). Y así estuvimos semanas y semanas hasta que un día me confesó que no era un casado descarado, sino un divorciado (descarado).

¿Cómo pasé de querer un gato a tener una niña?

dibujo madrastra
Ella debía verme como Mónica Naranjo

Tras saltar del sofá y bailar por el salón para festejar tamaña noticia, esa misma noche quedamos a cenar por primera vez. Nos contamos nuestra vida  y, como le aconsejaban a Escarlata O´Hara, casi no cené (sushi en este caso). La noche terminó a las 4 am en el carril bus de la puerta de mi casa. Él se hacía pis desde hacía dos horas y yo seguía hablando sin parar porque el mojito sin cena me había pasado factura. El destino tuvo a bien que decidiera hacerme la dura y cortar la conversación a tiempo, gracias a lo cual a él no le explotó la vejiga. Quedamos contentos y la semana siguiente le invité a cenar.

Nadie me advirtió, mientras él me informaba debidamente de la responsabilidad que podía suponer para mí salir con un chico que tenía una hija pequeña (y yo insistía en quitarle hierro porque, claro, está buenísimo y para qué voy a pensar yo en esas cosas tan pronto”, me decía a mí misma) que también tendría que cargar con la ex. Probablemente, si me hubiese advertido debidamente de eso, aunque lo hubiese pasado por alto porque me habría seguido pareciendo que estaba buenísimo, ahora no tendría nada que reprocharle.

De eso hace ya más de dos años y no le reprocho verbalmente ni manifiestamente nada, pero cuando hace unos días, tras una actuación estelar de la niña, me dijo: “¿Qué te pensabas, que esto iba a ser Jauja?”, recordé que todo comenzó con algo tan absurdo como que yo quería ser una solterona con gato y me pregunté si todavía estaría a tiempo de salir corriendo y adoptar uno (mientras pensaba eso, mi hemisferio izquierdo me preguntaba si ahora sería capaz de vivir tan feliz sin ellos).

PD. Dice mi chico que miento, que le entré yo. Es totalmente incierto. Yo solo le di el primer beso.

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